30 de diciembre, 2015 — La Asamblea General de la ONU declaró recientemente al 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, con la intención de promover esa actividad económica creando conciencia de la importancia de impulsarla y desempeñarla responsablemente.

En la resolución adoptada para la asignación del año, los Estados miembros reconocen el papel clave del turismo internacional para el desarrollo y subrayan la necesidad de que se entienda la riqueza del patrimonio de las diversas civilizaciones y de que se aprecien los valores inherentes de las diferentes culturas para contribuir a la paz en el mundo.

El secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Taleb Rifai, consideró que la proclamación del Año Internacional es una oportunidad única para ampliar la contribución del sector del turismo a los tres pilares de la sostenibilidad: económico, social y del medio ambiente.

Además, apuntó, “ayudará a aumentar la concienciación sobre las verdaderas dimensiones de un sector que se suele infravalorar”.

La OMT, como organismo principal de las Naciones Unidas a cargo de la iniciativa, estará encargada de los preparativos y la celebración del Año Internacional, y contará con la colaboración de los gobiernos, las organizaciones internacionales y regionales y demás actores interesados relevantes.


30 de diciembre, 2015 — El primer día de 2016 entrará en vigor oficialmente la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible que durante los próximos 15 años marcará la pauta para construir un mundo más justo y equitativo para toda la población, además de velar por el medio ambiente.

La Agenda, aprobada por los 193 Estados miembros de la ONU en septiembre pasado, está compuesta por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los que destacan la erradicación de la pobreza y el hambre, la consecución de educación y servicios médicos universales y la protección de los ecosistemas marinos y terrestres.

“Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible son nuestra visión compartida de la humanidad y un contrato social entre los líderes del mundo y las personas” dijo el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon.

Los ODS abordan las necesidades de las personas de los países desarrollados y en desarrollo, haciendo hincapié en que no debe dejarse a nadie atrás.

La Agenda integra las dimensiones social, económica y ambiental del desarrollo sostenible, y atiende aspectos relacionados con la paz, la justicia y las instituciones eficaces.

La movilización de medios de aplicación, entre ellos recursos financieros, desarrollo y transferencia de tecnología y desarrollo de la capacidad, así como el papel de las alianzas, también se reconocen como esenciales.

Para la puesta en marcha del nuevo plan, Ban Ki-moon subrayó que hacer realidad la Agenda es responsabilidad principalmente de los países, pero agregó que también requerirá nuevas alianzas y solidaridad internacional.

El examen de los avances se llevará a cabo periódicamente en cada país, con la sociedad civil, las empresas y los representantes de varios grupos de interés. A nivel regional, los países compartirán experiencias y tratarán asuntos comunes, mientras que con carácter anual en ONU, el Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible (FPAN) hará un balance de los progresos a nivel mundial, identificando las deficiencias y cuestiones emergentes y recomendando medidas correctoras.


28 de diciembre, 2015 — Al recordar el 2015, el Secretario General de la ONU lo resumió en su conferencia de prensa de fin de año en dos palabras: “progreso y horror”.

En el lado positivo, en su 70 aniversario la ONU tomó importantes pasos para labrar un mejor futuro para la humanidad y el planeta, adoptando en septiembre la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 y sus 17 objetivos para acabar con la pobreza y construir sociedades pacíficas.

A continuación, en diciembre, los líderes mundiales adoptaron el Acuerdo de París sobre el cambio climático, que después de años de negociaciones, superó las expectativas, según Ban Ki-moon.

Otro hito de este año fue la Agenda de Acción que se alcanzó en julio en Addis Abeba, un plan para generar inversiones que impulsen esa agenda de desarrollo sostenible que regirá los próximos 15 años. En marzo, los países firmaron el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, con el fin de proteger al mundo de los desastres naturales que han estado ocurriendo con una frecuencia cada vez mayor.

Sin embargo, el año 2015 también estuvo marcado por el sufrimiento humano a niveles sin precedentes en una generación. Los conflictos incesantes en muchas partes del mundo forzaron a millones de personas a huir de sus hogares. Por primera vez, las cifras globales de desplazados superaron los 60 millones.

Al mismo tiempo, tormentas, sequías y terremotos amenazaron la supervivencia de las personas en todo el mundo. La ONU y sus aliados hicieron el mayor llamamiento de su historia para recaudar fondos para asistir a más de 87,6 millones de necesitados en 37 países, la mayoría de ellos en conflicto.

El año también fue testigo de la proliferación de bombardeos, tiroteos y otras atrocidades cometidas en nombre del extremismo religioso. Durante un debate en el Consejo de Seguridad sobre la prevención de los conflicto, Ban resaltó que la lucha contra el terrorismo debe abordar las causas de raíz como la mala gobernanza, la injusticia y la exclusión.

Durante una reunión de la Asamblea General de la ONU sobre la crisis de refugiados que se celebró después de los ataques terroristas en Beirut y París, altos funcionarios de la ONU instaron a los países a no cerrar sus puertas a los refugiados en nombre de la seguridad.

En las fotos de la galería, el Centro de Noticias de la ONU/la Radio de la ONU echa un vistazo a los momentos clave de 2015.

 

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22 de diciembre, 2015 — Unos 77 millones de personas sufren cada año algún tipo de enfermedad transmitida por alimentos en las Américas.

Más de 200.000 personas -casi la mitad de ellas, niños menores de 5 años- sufren cada día en las Américas algún tipo de enfermedad transmitida por los alimentos. Durante las celebraciones de fin de año el riesgo puede aumentar si no se manipula y refrigera adecuadamente la comida que se preparada en cantidad y con antelación.

Para evitar posibles intoxicaciones, la Organización Panamericana de la Salud, oficina regional de la Organización Mundial de la Salud, recomienda seguir cinco reglas básicas: adoptar medidas higiénicas adecuadas, separar los alimentos crudos de los cocidos, cocinar por completo los alimentos, no exponerlos a temperaturas elevadas y utilizar agua e ingredientes crudos seguros.

Si se respetan estas simples claves, asegura la OPS, los consumidores evitarán que los alimentos se contaminen y que los microbios se multipliquen.

Una de cada 3 enfermedades transmitidas por la comida se produce por alimentos consumidos en el hogar y, en general, la causa está en una manipulación incorrecta de los mismos.

Los alimentos contaminados pueden provocar más de 200 patologías y los síntomas incluyen dolor abdominal, diarrea, náuseas, escalofríos, fiebre y dolor de cabeza, entre otros. Aparecen entre 30 minutos y dos semanas después del contacto con el agente responsable de la enfermedad, como la Salmonella o la Escherichia coli, aunque suelen notarse en las primeras 48 horas. De detectarse alguno de estos síntomas, la OPS recomienda acudir lo antes posible a un centro de salud.


Al aprobar la histórica Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, los dirigentes del mundo expresaron su determinación de buscar la prosperidad y el progreso compartidos en un espíritu de solidaridad mundial. El Acuerdo de París sobre el cambio climático constituye otro hito importante para nuestro planeta y todos los pueblos.

 

Estos logros fueron impulsados por dos objetivos complementarios: no dejar a nadie atrás y construir una vida digna para todos. Este espíritu de solidaridad mundial debe inspirar ahora nuestra respuesta colectiva a otros grandes retos que enfrenta la humanidad.

En particular, este espíritu ha de presidir la respuesta a la apremiante situación de quienes, en un número sin precedentes, se ven obligados a abandonar sus hogares y comunidades. Demasiadas personas han huido de los extremistas violentos para acabar siendo nuevamente victimizadas por la xenofobia, la discriminación y el abuso. Debemos enfrentarnos juntos a todos aquellos que propagan temores infundados. Ayudar a los vulnerables nos eleva a todos.

 

Ahora que la diversidad es presa de ataques verbales o violentos en tantos lugares del mundo, debemos aprovechar al máximo el Día Internacional de la Solidaridad Humana para reafirmar nuestra humanidad común, defender nuestros valores compartidos y crear un futuro mejor para todos.


2015 se recordará como un año de sufrimiento humano y tragedias migratorias. En los 12 meses pasados, más de 5.000 mujeres, hombres y niños han perdido la vida en busca de protección y de una vida mejor. Decenas de millares más han sido objeto de explotación y de abusos cometidos por traficantes de personas. Y se cuentan por millares los que han sido tomados como chivos expiatorios y se han convertido en blanco de políticas xenófobas y de discursos alarmistas.

Pero 2015 fue también un año en que la comunidad mundial subrayó la importante contribución de los migrantes al desarrollo sostenible. Con la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, los líderes mundiales se comprometieron a proteger los derechos laborales de los trabajadores migrantes, combatir las redes delictivas transnacionales de trata de personas y promover la migración y la movilidad bien reguladas. Acometiendo las causas profundas, con la Agenda 2030 también se pretende hacer frente a los problemas de desarrollo, gobernanza y derechos humanos que impulsan al principio a las personas a huir de sus hogares.

Es urgente que el mundo amplíe esa labor con un nuevo pacto global sobre movilidad humana basado en una mejor cooperación entre los países de origen, tránsito y destino, en que se comparta más la responsabilidad y se incorpore el respeto pleno de los derechos humanos de los migrantes, independientemente de su situación jurídica.

Debemos ampliar las vías seguras para la migración regularizada, incluida la reunificación familiar, la movilidad de la mano de obra de todos niveles de especialización, mayores posibilidades de reasentamiento y oportunidades de educación para niños y adultos. También insto a todos los países a que firmen y ratifiquen la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, ya que solo lo ha hecho una cuarta parte de los Estados Miembros de las Naciones Unidas.

Estos principios e ideas se integrarán en la aplicación de la hoja de ruta para hacer frente a los grandes movimientos migratorios y de refugiados que he presentado a la Asamblea General.

En este Día Internacional del Migrante, comprometámonos a dar respuestas coherentes, amplias y basadas en los derechos humanos, guiándonos por la legislación y las normas internacionales y un empeño compartido en no dejar a nadie atrás.


Por Ban Ki-moon

 Hace setenta años, las Naciones Unidas surgían de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Siete decenios más tarde, en París, las naciones se han unido ante otra amenaza: el rápido calentamiento del planeta, que pone en peligro la vida, tal como la conocemos.

 Los gobiernos han dado inicio a una nueva era de cooperación mundial sobre el cambio climático, una de las cuestiones más complejas que ha afrontado la humanidad en la historia. Con ello, han dado un impulso importante a los esfuerzos encaminados a cumplir el mandato de nuestra Carta de “preservar a las generaciones venideras”.

 El Acuerdo de París es un triunfo para las personas y el medio ambiente, así como para el multilateralismo. Es una póliza de seguro de salud para el planeta. Por primera vez, todos los países del mundo se han comprometido a reducir sus emisiones, fortalecer la resiliencia y adoptar medidas en el plano internacional y nacional para hacer frente al cambio climático.

 Juntos, los países han acordado que, para minimizar los riesgos del cambio climático, la mejor manera de velar por el interés de las naciones es la búsqueda del bien común. Creo que sería beneficioso que siguiéramos este ejemplo en todos los aspectos de los programas políticos.

 La victoria de París marca la culminación de un año extraordinario. Del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres a la Agenda de Acción de Addis Abeba sobre la Financiación para el Desarrollo, de la histórica Cumbre de Desarrollo Sostenible en Nueva York a la conferencia sobre el clima en París, este ha sido un año en que las Naciones Unidas han demostrado su capacidad de ofrecer esperanza al mundo y ayudarlo a cicatrizar sus heridas.

 Desde mis primeros días en el cargo he sostenido que el cambio climático es el desafío definitorio de nuestro tiempo. Es por eso que lo considero una de las máximas prioridades de mi mandato. He hablado con casi todos los dirigente mundiales acerca de la amenaza que supone el cambio climático para nuestras economías y nuestra seguridad, y para nuestra supervivencia misma. He visitado todos los continentes y conocido comunidades que viven en primera línea frente al cambio climático. Me ha conmovido el sufrimiento que he presenciado y me han inspirado las soluciones que contribuirán a aumentar la seguridad y prosperidad de nuestro mundo.

 He participado en todas las conferencias de las Naciones Unidas sobre el clima. Las tres Cumbres sobre el Clima que convoqué han movilizado la voluntad política e impulsado a los gobiernos, las empresas y la sociedad civil a adoptar medidas innovadoras. La Agenda de Acción de París y los compromisos asumidos en la Cumbre sobre el Clima del año pasado indican que las respuestas están allí.

Lo que antes era impensable ahora es imparable. El sector privado ya está invirtiendo cada vez más en un futuro con bajas emisiones. Las soluciones son cada vez más asequibles y accesibles, y seguramente vendrán muchas más, tras el éxito de París.

 El Acuerdo de París dio respuesta a todos los puntos esenciales que yo había planteado. Los mercados han recibido ahora una clara señal de que necesitan aumentar las inversiones para generar un desarrollo bajo en emisiones y resiliente al clima.

 Todos los países han acordado trabajar para limitar el aumento de la temperatura mundial a menos de 2 grados centígrados y, habida cuenta de los graves riesgos, esforzarse por que no sea de más de 1,5 grados. Esto es especialmente importante para las naciones de África, los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y los Países Menos Adelantados.

 En París, los países acordaron un objetivo a largo plazo de poner un límite a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero lo antes posible en la segunda mitad del siglo. Ciento ochenta y ocho países han presentado ya sus Contribuciones Previstas Determinadas a Nivel Nacional, que demuestran lo que están dispuestos a hacer para reducir las emisiones y aumentar la resiliencia al cambio climático.

 Actualmente estas metas nacionales ya han logrado un descenso considerable de la curva de emisiones, pero colectivamente nos siguen dejando con un aumento de la temperatura inaceptablemente peligroso, de 3 grados centígrados. Por ese motivo, en París los países se comprometieron a revisar sus planes nacionales sobre el clima cada cinco años a partir de 2018. Eso les permitirá aumentar su ambición en consonancia con las exigencias de la ciencia.

 El Acuerdo de París también asegura una adaptación suficiente y equilibrada y apoyo en materia de mitigación para los países en desarrollo, especialmente los más pobres y vulnerables. Además, ayudará a ampliar los esfuerzos mundiales para hacer frente a las pérdidas y los daños derivados del cambio climático y reducirlos al mínimo.

 Los gobiernos han acordado reglas de procedimiento vinculantes, firmes y transparentes para asegurarse de que todos los países hagan lo que prometieron hacer. Los países desarrollados han aceptado encabezar el proceso de movilización de recursos financieros e intensificar el apoyo tecnológico y la creación de capacidad. Los países en desarrollo, por su parte, han asumido una responsabilidad cada vez mayor de hacer frente al cambio climático en consonancia con sus capacidades.

 Al reconocer este logro histórico, faltaría a mi deber si no reconociera el liderazgo y la visión de la comunidad empresarial y la sociedad civil, que han puesto de relieve tanto los intereses en juego como las soluciones. Los aplaudo por su extraordinaria demostración de civismo frente el cambio climático.

 Ahora que contamos con el Acuerdo de París, debemos a ponernos a pensar de inmediato en su aplicación. Al hacer frente al cambio climático estamos promoviendo la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El Acuerdo de París tiene consecuencias positivas para todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estamos listos para entrar en una nueva era de oportunidades.

 Los gobiernos, las empresas y la sociedad civil están iniciando el proyecto colosal de hacer frente al cambio climático y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible; las Naciones Unidas prestarán asistencia a los Estados Miembros y a la sociedad en su conjunto en todas las etapas del proyecto. Como primer paso en la aplicación del Acuerdo de París, y según se dispone en el Acuerdo y en la Convención, convocaré una ceremonia de firma de alto nivel que se celebrará en Nueva York el 22 de abril del próximo año.

 Invitaré a los dirigentes mundiales a que vengan a ayudar a mantener y aumentar el impulso. Trabajando juntos, podemos lograr nuestro objetivo común de poner fin a la pobreza, fortalecer la paz y asegurar una vida digna y llena de oportunidades para todos.

El autor es el Secretario General de las Naciones Unidas


2015 se recordará como un año de sufrimiento humano y tragedias migratorias. En los 12 meses pasados, más de 5.000 mujeres, hombres y niños han perdido la vida en busca de protección y de una vida mejor. Decenas de millares más han sido objeto de explotación y de abusos cometidos por traficantes de personas. Y se cuentan por millares los que han sido tomados como chivos expiatorios y se han convertido en blanco de políticas xenófobas y de discursos alarmistas.

 Pero 2015 fue también un año en que la comunidad mundial subrayó la importante contribución de los migrantes al desarrollo sostenible. Con la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, los líderes mundiales se comprometieron a proteger los derechos laborales de los trabajadores migrantes, combatir las redes delictivas transnacionales de trata de personas y promover la migración y la movilidad bien reguladas. Acometiendo las causas profundas, con la Agenda 2030 también se pretende hacer frente a los problemas de desarrollo, gobernanza y derechos humanos que impulsan al principio a las personas a huir de sus hogares.

 Es urgente que el mundo amplíe esa labor con un nuevo pacto global sobre movilidad humana basado en una mejor cooperación entre los países de origen, tránsito y destino, en que se comparta más la responsabilidad y se incorpore el respeto pleno de los derechos humanos de los migrantes, independientemente de su situación jurídica.

 Debemos ampliar las vías seguras para la migración regularizada, incluida la reunificación familiar, la movilidad de la mano de obra de todos niveles de especialización, mayores posibilidades de reasentamiento y oportunidades de educación para niños y adultos. También insto a todos los países a que firmen y ratifiquen la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, ya que solo lo ha hecho una cuarta parte de los Estados Miembros de las Naciones Unidas.

 Estos principios e ideas se integrarán en la aplicación de la hoja de ruta para hacer frente a los grandes movimientos migratorios y de refugiados que he presentado a la Asamblea General.

 En este Día Internacional del Migrante, comprometámonos a dar respuestas coherentes, amplias y basadas en los derechos humanos, guiándonos por la legislación y las normas internacionales y un empeño compartido en no dejar a nadie atrás.


En el Día de los Derechos Humanos, publicamos a continuación el mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. Ban Ki-moon.

Ante las enormes atrocidades y abusos generalizados que se están cometiendo en todo el mundo, el Día de los Derechos Humanos debería impulsar una acción mundial más concertada para promover los principios que colectivamente hemos prometido cumplir.

En un año en que se conmemora el 70º aniversario de las Naciones Unidas, podemos inspirarnos en la historia del movimiento de derechos humanos moderno, que surgió a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, el Presidente de los Estados Unidos de América, Franklin D. Roosevelt, definió cuatro libertades básicas como derechos inalienables de todas las personas: la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad para vivir sin miseria y la libertad para vivir sin temor. En las Naciones Unidas, su esposa, Eleanor Roosevelt, unió sus fuerzas con paladines de los derechos humanos de todo el mundo para consagrar esas libertades en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Los retos extraordinarios de hoy pueden considerarse —y afrontarse— a través del prisma de estas cuatro libertades.

– Primera: la libertad de expresión. Esta libertad se niega a millones de personas y está cada vez más amenazada, por lo que debemos defender, preservar y ampliar las prácticas democráticas y el espacio de la sociedad civil. Ello es esencial para una estabilidad duradera.

– Segunda: la libertad de culto. En todo el mundo, los terroristas se han apropiado de la religión y han traicionado su espíritu al asesinar en su nombre. Otros están atacando a las minorías religiosas y aprovechan los temores para obtener beneficios políticos. En respuesta a ello, debemos promover el respeto por la diversidad basado en la igualdad fundamental de todas las personas y el derecho a la libertad de religión.

– Tercera: la libertad para vivir sin miseria. Gran parte de la humanidad sigue sin tener esta libertad. En septiembre, los dirigentes del mundo aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible con el objetivo de poner fin a la pobreza y permitir que todas las personas puedan vivir con dignidad en un planeta pacífico y sano. Ahora debemos hacer todo lo posible para que esta visión se materialice.

– Cuarta: la libertad para vivir sin temor. Los millones de refugiados y desplazados internos son un trágico resultado del incumplimiento de esta libertad. Desde la Segunda Guerra Mundial nunca tantas personas se habían visto obligadas a huir de sus hogares. Esas personas huyen de la guerra, la violencia y la injusticia a través de continentes y océanos, a menudo arriesgando sus vidas. En respuesta a ello, no debemos cerrar las puertas sino abrirlas y garantizar el derecho de todos a pedir asilo, sin discriminación alguna. Los migrantes que intentan escapar de la pobreza y la desesperanza también deben poder disfrutar de sus derechos humanos fundamentales.

Hoy reafirmamos nuestro compromiso con la protección de los derechos humanos como base de nuestra labor. Este es el espíritu de la iniciativa de las Naciones Unidas Los Derechos Humanos Primero, cuyo objetivo es impedir violaciones en gran escala y responder a las que se cometan.

En ocasión del Día de los Derechos Humanos, volvamos a comprometernos a garantizar las libertades fundamentales y a proteger los derechos humanos de todos.


En el día de hoy celebramos el poder del voluntariado. El voluntariado fomenta la creatividad, encuentra su fuerza en todo aquello que nos apasiona y nos pone en contacto con los que más nos necesitan.

El voluntariado es un fenómeno global que trasciende fronteras, religiones y divisiones culturales. Los voluntarios encarnan los valores fundamentales del compromiso, la inclusividad, el compromiso cívico y el sentido de la solidaridad.

Los voluntarios de las comunidades, los voluntarios internacionales y los Voluntarios de las Naciones Unidas desempeñaron un papel fundamental en la respuesta ante la crisis del ébola en África Occidental. También se ha hecho gala de un similar espíritu de voluntariado y solidaridad a la hora de afrontar la actual crisis de refugiados y el devastador terremoto ocurrido este año en Nepal.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que fueron aprobados recientemente, brindan una nueva oportunidad para que los particulares muestren su solidaridad a través del voluntariado. Todos nosotros podemos contribuir a cumplir la aspiración enunciada en la Agenda 2030 de poner fin a la pobreza.

Hoy, Día Internacional de los Voluntarios, doy las gracias a los más de 6.300 Voluntarios de las Naciones Unidas y a los 11.000 Voluntarios en Línea de las Naciones Unidas que ayudan a millones de personas a hacer realidad el cambio sostenible y la paz. También rindo homenaje y saludo a los mil millones de voluntarios de las comunidades en todo el mundo.

Al celebrar el Día Internacional de los Voluntarios, aprovechemos al máximo el poder del voluntariado para construir un mundo más sostenible y una vida digna para todos.