Este año celebramos el Día Internacional de las Personas con Discapacidad tras haber aprobado la ambiciosa Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este plan global de acción nos insta a «no dejar a nadie atrás».

Para construir un mundo sostenible e incluyente para todos es necesario que participen plenamente personas con capacidades de todo tipo. La Agenda 2030 incluye muchas cuestiones de interés para las personas con discapacidad, y hemos de trabajar en forma conjunta para que esos compromisos se plasmen en una acción concreta.

Este año la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres reconoció el papel fundamental que incumbe a las personas con discapacidad en la promoción de un enfoque más accesible para todos en materia de preparación y respuesta para casos de desastre. El año próximo, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) se debatirá una nueva agenda de desarrollo urbano para hacer de nuestras ciudades lugares más incluyentes, accesibles y sostenibles. En este proceso serán de fundamental importancia las voces de las personas con discapacidad.

De cara al futuro, debemos reforzar las políticas y prácticas de desarrollo para asegurarnos de que la accesibilidad forme parte de un desarrollo incluyente y sostenible. Para ello es necesario mejorar nuestro conocimiento acerca de los retos que afrontan las personas con discapacidad —entre otras cosas mediante datos más sólidos y desglosados— y asegurarnos de que se empodere a dichas personas para crear oportunidades y aprovecharlas.

Junto con las personas con discapacidad, podemos hacer avanzar al mundo sin dejar a nadie atrás.

 

Ban Ki-moon


Este año encaramos el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA con renovada esperanza. Agradezco la dedicada labor de los activistas, encomio los persistentes esfuerzos de los trabajadores sanitarios, y rindo tributo a los defensores de los derechos humanos por su posición de principios y a todos los afectados por el valor que han demostrado al sumar sus fuerzas para conseguir avances contra la enfermedad a nivel mundial.

 Los dirigentes de todo el mundo asumieron, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en septiembre, el compromiso unánime de poner fin a la epidemia del SIDA para 2030. Ese compromiso es reflejo del poder de la solidaridad, que ha logrado forjar alrededor de una enfermedad tan destructiva uno de los movimientos más inclusivos de la historia moderna.

 Es mucho lo que podemos aprender de la respuesta al SIDA. Una a una, las personas se han ido alzando en defensa de la ciencia, los derechos humanos y el empoderamiento de todos los que viven con el VIH. Así es cómo podremos acabar con esta epidemia: trabajando todos juntos.

 No obstante, el plazo para actuar se está agotando. Por ello, pido que se adopte un enfoque acelerado para intensificar las inversiones y cerrar la brecha entre las necesidades y los servicios.

Para acabar con esta epidemia y evitar que vuelva a repuntar debemos luchar en todos los frentes: necesitamos más del doble de especialistas para poder suministrar tratamiento a los 37 millones de personas que viven con el VIH y, de ese modo, transformar sus vidas; tenemos que facilitar el acceso de las adolescentes y las mujeres jóvenes a la educación y a opciones genuinas que las protejan del VIH; y debemos asegurar el pleno acceso de los grupos afectados a servicios prestados con dignidad y respeto.

Todos los niños pueden nacer libres del VIH y sus madres no solo pueden superar el parto sino también disfrutar de una vida plena. Acabar con el SIDA es un requisito esencial para el éxito de la iniciativa “Todas las mujeres, todos los niños” y la Estrategia Mundial que puse en marcha con el fin de garantizar la salud y el bienestar de las mujeres, los niños y los adolescentes en el curso de una generación.

El cumplimiento acelerado de las metas fijadas evitará nuevas infecciones por el VIH y muertes causadas por el SIDA y, al mismo tiempo, ayudará a eliminar la discriminación y el estigma asociados al VIH.

Aguardo con interés la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General sobre el SIDA que se celebrará en 2016 y será una oportunidad crucial para que el mundo se comprometa a aplicar el modelo de actuación acelerada para acabar con el SIDA.

En este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA rindamos tributo a todos los que perdieron su vida por esta enfermedad y renovemos nuestra determinación de promover la justicia, el acceso y la esperanza en todo el mundo.


Los crímenes atroces cometidos contra las mujeres y las niñas en las zonas de conflicto, junto con el problema de la violencia doméstica que afecta a todos los países, constituyen una grave amenaza para el progreso.

Me preocupan profundamente las difíciles circunstancias de las mujeres y las niñas que viven en condiciones de conflicto armado, quienes sufren múltiples formas de violencia, agresión sexual, esclavitud sexual y trata. Los extremistas violentos están tergiversando las doctrinas religiosas para justificar la subyugación en masa y el abuso de las mujeres. No se trata de actos de violencia fortuitos ni de consecuencias indirectas de la guerra, sino más bien de medidas sistemáticas para negar a las mujeres sus libertades y el control de su cuerpo. Una de las consideraciones fundamentales en los esfuerzos desplegados a nivel mundial para combatir y prevenir el extremismo violento debe ser la protección y el empoderamiento de las mujeres y las niñas.

La mitad aproximadamente de los 60 millones de personas que han sido desplazadas por la fuerza son mujeres. Muchas de las que huyen de la guerra y la violencia son a menudo explotadas por traficantes sin escrúpulos y sufren a causa de la discriminación por razón de género y la xenofobia en las sociedades de acogida. Las que son demasiado jóvenes, demasiado viejas o demasiado débiles para emprender el peligroso viaje se quedan solas en su lugar de origen, lo que aumenta su vulnerabilidad al no contar con el apoyo de los que se han ido.

Incluso en las zonas donde reina la paz la violencia contra las mujeres persiste y se registran casos de feminicidio, agresión sexual, mutilación/ablación genital femenina, matrimonio precoz y ciberacoso. Esas prácticas traumatizan a las personas y desintegran el entramado de la sociedad.

He liderado, a través de la campaña “ÚNETE para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres” y de la iniciativa “Él por Ella”, un movimiento mundial para implicar a los hombres en la promoción de la igualdad de género. En ese contexto, exhorto a los gobiernos a que aumenten sus contribuciones al Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para Eliminar la Violencia contra la Mujer, cuyo objetivo es subsanar la insuficiencia crónica de inversiones en esta esfera.

Millones de personas de todo el mundo se han unido bajo el estandarte naranja, que es el color elegido como símbolo de un futuro mejor, libre de la violencia contra las mujeres y las niñas. Este año, como muestra del creciente impulso en favor del cambio, se iluminarán de color naranja numerosos monumentos icónicos, entre ellos las ruinas de Petra en Jordania y las cataratas del Niágara en América del Norte.

También podemos despejar el camino hacia un futuro de dignidad e igualdad para todos mediante la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible aprobada recientemente, en la que se reconoce la importancia de eliminar la violencia contra las mujeres y se fijan metas conexas en relación con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible. Asimismo, en varios exámenes amplios recientes de las operaciones de paz de las Naciones Unidas, las labores de consolidación de la paz y los programas relativos a la mujer y la paz y la seguridad, se ha puesto de relieve la importancia crucial de incorporar la participación de las mujeres en las iniciativas de paz y seguridad.

 La violencia contra las mujeres y las niñas está muy extendida, por lo que todos podemos tomar medidas para acabar con ella. Juntemos nuestras fuerzas para poner fin a este crimen, promover la plena igualdad de género y crear un mundo en el que las mujeres y las niñas disfruten de la seguridad que merecen. Hagámoslo por el bien de ellas y el de toda la humanidad.


El saneamiento es fundamental para la salud humana y ambiental, así como para las oportunidades, el desarrollo y la dignidad. Sin embargo, hoy día, en todo el mundo, una de cada tres personas carece de servicios de saneamiento mejorados, y una de cada ocho practica la defecación al aire libre.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada recientemente, reconoce el papel fundamental que desempeña el saneamiento en el desarrollo sostenible. La naturaleza integrada de la nueva Agenda significa que necesitamos comprender mejor las conexiones entre los elementos constitutivos del desarrollo. En ese espíritu, la celebración este año del Día Mundial del Retrete se centra en el ciclo vicioso que conecta el saneamiento deficiente y la malnutrición.

Las deficiencias en el saneamiento y la higiene son un elemento crucial de la enfermedad y la malnutrición. Cada año, demasiados niños menores de 5 años han visto sus vidas interrumpidas o alteradas para siempre como consecuencia de las malas condiciones de saneamiento: más de 800.000 niños de todo el mundo —es decir, uno cada dos minutos— mueren de diarrea, y casi la mitad de todas las muertes de niños menores de 5 años se deben a la desnutrición. Una cuarta parte de los niños menores de 5 años padece retraso del crecimiento y muchos otros niños, así como adultos, están enfermando gravemente y a menudo sufren consecuencias para la salud y el desarrollo a largo plazo, incluso durante toda su vida. Los padres y los tutores conllevan el costo de esas consecuencias. Las mujeres, en particular, soportan las consecuencias directas.

A pesar de los argumentos morales y económicos convincentes para la adopción de medidas relacionadas con el saneamiento, el progreso es demasiado escaso y demasiado lento. En muchos sentidos, el saneamiento es la meta menos conseguida de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Es por ello que en 2013 se lanzó el Llamamiento a la Acción en Materia de Saneamiento, y por eso nuestro objetivo es poner fin a la defecación al aire libre para 2025.

La Agenda 2030 nos exhorta a renovar nuestros esfuerzos para proporcionar acceso a servicios de saneamiento adecuados en todo el mundo. Debemos seguir educando y protegiendo a las comunidades en situación de riesgo, y cambiar las percepciones culturales y las prácticas de larga data que obstaculizan la búsqueda de la dignidad.

Al trabajar juntos, y mediante un debate abierto y franco sobre la importancia de los retretes y el saneamiento, podemos mejorar la salud y el bienestar de un tercio de la familia humana.

Ban Ki-moon


16 de noviembre, 2015 — El Secretario General de la ONU afirmó hoy que la práctica de la tolerancia forma parte de la identidad de la Organización y fue incluido en su Carta fundacional hace 70 años.
En un mensaje con motivo del Día Internacional para la Tolerancia, Ban Ki-moon, señaló que en el mundo actual, golpeado por las turbulencias y el cambio, ese llamamiento sigue constituyendo una piedra angular para la labor del organismo internacional.

Alertó sobre el aumento de la intolerancia pese a encontrarnos en una época donde crecen sociedades más diversas y hay una mayor interconexión entre las personas.

Ban pidió que se reconozca el creciente peligro que representan quienes buscan dividir y se reafirme el compromiso de forjar un camino marcado por el diálogo, la cohesión social y el entendimiento mutuo.

Añadió que la tolerancia no se limita a la aceptación pasiva del “otro” y dijo que debe enseñarse y defenderse.

El titular de la ONU instó a los Estados a invertir en las personas mediante la promoción de la educación, la inclusión y la creación de oportunidades.

Esas acciones –apuntó– conducen a la creación de sociedades basadas en el respeto a los derechos humanos, donde el miedo y la desconfianza son sustituidos por el pluralismo y la participación.

 


Mensaje del Secretario General con motivo del Día Internacional para la Tolerancia

El llamamiento «a practicar la tolerancia» fue incorporado en la Carta hace 70 años para que formara parte de la identidad de las Naciones Unidas. Hoy, en un mundo golpeado por las turbulencias y el cambio, ese llamamiento sigue constituyendo una piedra de toque fundamental para nuestra labor.

Las personas están más conectadas; sin embargo, ello no significa que exista un mayor entendimiento. Las sociedades son cada vez más diversas, pero la intolerancia está aumentando en muchos lugares. Pueden encontrarse tensiones sectoriales en la raíz de muchos conflictos en razón del aumento del extremismo violento, las violaciones de derechos humanos a gran escala y la depuración cultural. Además, la mayor crisis de desplazamientos forzados desde la Segunda Guerra Mundial ha engendrado odio y xenofobia contra los refugiados y otras personas.

La tolerancia es mucho más que la aceptación pasiva del «otro». Lleva aparejada la obligación de actuar, y debe enseñarse, alimentarse y defenderse. La tolerancia exige que los Estados inviertan en las personas y en la realización de todo su potencial por medio de la educación, la inclusión y la creación de oportunidades, lo que implica la construcción de sociedades fundadas en el respeto de los derechos humanos, en que el miedo, la desconfianza y la marginación son sustituidos por el pluralismo, la participación y el respeto de las diferencias.

Este es el mensaje del Día Internacional para la Tolerancia, que se plasmó en la Declaración de Principios sobre la Tolerancia de la UNESCO, aprobada en 1995. Es la misma idea que anima el Decenio Internacional de Acercamiento de las Culturas (2013-2022), que está impulsando la UNESCO en todo el mundo.

En el Día Internacional para la Tolerancia, reconozcamos el creciente peligro que representan quienes procuran dividir, y comprometámonos a forjar un camino marcado por el diálogo, la cohesión social y el entendimiento mutuo.

 


En todo el mundo hay cerca de 350 millones de personas con diabetes, y la prevalencia aumenta con rapidez, en particular en los países de medianos y bajos ingresos. Son muchas las medidas que todos podemos tomar para minimizar el riesgo de contraer la enfermedad y, en caso de llegar a contraerla, seguir viviendo con salud durante mucho tiempo.

 

Las personas que tienen diabetes pierden la capacidad de regular correctamente el nivel de azúcar de la sangre. Cuando no se controla ese nivel, se pueden producir daños en el sistema nervioso, ataques al corazón, infartos cerebrales, ceguera, colapso renal y amputaciones de las extremidades inferiores.

 

La mayoría de las personas que tienen diabetes padecen una variante de la enfermedad (el tipo 2) que afecta de manera desproporcionada a quienes tienen sobrepeso y un estilo de vida sedentario. Esto significa que para evitar la diabetes tipo 2 debemos seguir los mismos pasos que para mantenernos sanos en general.

 

En este caso, la palabra “pasos” es la más indicada. Todos los que estén en condiciones de levantarse en lugar de estar sentados, de caminar un poco más cada día y de llevar una vida más activa en general, deberían hacerlo.

 

La diabetes también afecta al bolsillo. Muchos de los afectados que sufren complicaciones pierden sus ingresos porque no pueden trabajar. Además, el tratamiento puede resultar costoso. Hay muchas personas en países de medianos y bajos ingresos, donde viven la mayoría de las personas que tienen diabetes, que no pueden permitirse comprar insulina. En los últimos años, incluso en los países de ingresos altos, el costo ha aumentado tanto que ya no está al alcance de muchos. En el caso de las personas que no producen insulina propia en absoluto (como ocurre con los afectados por el tipo 1), la falta de insulina es una sentencia de muerte.

 

Así como las personas deben seguir los pasos para llevar una vida sana, los gobiernos también pueden adoptar medidas para crear un entorno favorable. Los servicios de salud pueden ampliar la atención de la diabetes. Por su parte, el sector privado puede mejorar la disponibilidad y asequibilidad de productos más saludables y medicamentos esenciales.

 

Recientemente, el mundo dio un paso importante con la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la que figura la meta de reducir en un tercio, de aquí a 2030, la mortalidad por enfermedades no transmisibles, entre ellas la diabetes.

En este Día Mundial de la Diabetes, reconozcamos los progresos que hemos hecho, pero admitamos también que todavía no son suficientes. Sigamos avanzando paso a paso para limitar el impacto de la diabetes. 


03 de noviembre, 2015 — Una característica que define la Agenda 2030 es la determinación de no dejar a nadie rezagado, señaló este martes la directora del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD), durante la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social en América Latina y el Caribe, una reunión de tres días que se celebra hasta el 4 de noviembre en Lima, Perú.

“Debemos trabajar juntos e identificar y abordar los arraigados factores determinantes de la exclusión, en esta región y más allá. La erradicación de la pobreza sólo se logrará si realmente invertimos en las personas”, dijo Helen Clark.

Según la ONU, después de una década de ferviente crecimiento, que ascendió a unos 92 millones de personas a la clase media, América Latina afronta una desaceleración y algunos segmentos de la población podrían recaer en la pobreza.

Los participantes de la conferencia debaten cómo hacer realidad los recién acordados Objetivos de Desarrollo Sostenible, que según la ONU, requieren nuevos enfoques para abordar desafíos complejos como la exclusión y la desigualdad.

Según un informe del PNUD todavía pendiente de publicar, las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas. Aproximadamente 35 por ciento de las personas pobres viven en hogares encabezados por mujeres.


En su mensaje en ocasión del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza (17 de octubre), el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon destaca que con la aprobación de la Agenda 2030, hay un compromiso mundial de poner fin a la pobreza en todas sus formas, en todo el mundo y en un plazo concreto.

A continuación el mensaje:

Este año, el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza se conmemora en un momento en que el mundo emprende una nueva y osada senda hacia un futuro digno para todos, con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible como guía.

El tema de este año: “Construir un futuro sostenible: unirnos para poner fin a la pobreza y la discriminación”, destaca la necesidad de prestar más atención a los miembros excluidos y marginados de la familia humana.

Alentado por la movilización global desencadenada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el mundo ha hecho progresos extraordinarios en lo que respecta a la reducción de la pobreza extrema. En los últimos 25 años, se ha conseguido que más de 1.000 millones de personas superen el umbral de pobreza.

Sin embargo, la situación no ha mejorado para todos. Más de 900 millones de personas siguen viviendo en la pobreza extrema y muchas más están en riesgo de caer en ella. El cambio climático, los conflictos violentos y otros desastres amenazan con echar a perder muchos de nuestros logros.

Con la aprobación de la Agenda 2030, los dirigentes mundiales asumieron un compromiso para poner fin a la pobreza en todas sus formas, en todo el mundo, dentro de un plazo concreto. Para ser capaces de responder a este llamamiento, debemos hacer frente a la discriminación en todas sus manifestaciones.

No dejar a nadie atrás significa acabar con la discriminación y los abusos dirigidos contra la mitad de la humanidad, esto es, las mujeres y las niñas del mundo. Significa combatir la discriminación abierta contra las minorías, los migrantes y otras personas, así como el abandono más insidioso de los desfavorecidos, en especial los niños. Y significa garantizar el acceso al estado de derecho y proteger los derechos humanos de todos.

La Agenda 2030 surgió como resultado del proceso más incluyente de la historia de las Naciones Unidas. Participaron en las deliberaciones al respecto los Estados Miembros, millones de jóvenes y miles de organizaciones no gubernamentales, empresarios y otras personas. En este momento en que esperamos traducir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible en medidas significativas en la práctica, debemos mantener este espíritu.

Nuestra generación puede ser la primera en presenciar un mundo sin pobreza extrema, donde todas las personas, no solo los poderosos y los privilegiados, puedan participar y contribuir por igual, sin discriminación ni miseria.


Este año, el Día Mundial de la Alimentación se celebra después de que los dirigentes mundiales hayan aprobado, en lo que ha constituido un hito histórico, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, con un conjunto de 17 objetivos que orientarán nuestra labor para lograr un futuro en que imperen la dignidad y la prosperidad para todos en un planeta sano.

La manera en que decidimos cultivar, procesar, distribuir y consumir los alimentos tiene un profundo efecto en las personas, el planeta, la prosperidad y la paz. No será posible hacer realidad la promesa de la Agenda 2030 sin un progreso rápido hacia la erradicación del hambre y la desnutrición. Del mismo modo, no se podrá cumplir el compromiso de poner fin al hambre para siempre y para toda la población sin considerables avances en todos los aspectos de la nueva Agenda.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 nos emplaza a «poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible». El mundo ha hecho progresos importantes; desde el año 2000, la proporción de personas subalimentadas ha disminuido a casi la mitad. Pero, al mismo tiempo, en un mundo donde prácticamente un tercio de los alimentos producidos se pierde o desperdicia y donde producimos suficiente cantidad para alimentar a toda la población, casi 800 millones de personas siguen padeciendo hambre. El camino para salir de la pobreza está resultando demasiado lento para demasiada gente.

El tema del Día Mundial de la Alimentación de 2015, «Protección social y agricultura: romper el ciclo de la pobreza rural», destaca el papel decisivo que desempeñan las transferencias de efectivo, los seguros, las pensiones y otros programas de protección social para que las personas vulnerables puedan gestionar mejor los riesgos y desarrollar medios de vida rentables.

El Reto del Hambre Cero que planteé en 2012 subraya la necesidad de un liderazgo nacional de la mano de alianzas entre múltiples interesados que tengan un amplio alcance. Poner fin al hambre es responsabilidad de todos. A los agricultores, los científicos, las organizaciones internacionales, los activistas, las empresas y los consumidores les corresponde un papel en esta tarea. La creación de sistemas alimentarios inclusivos, resilientes y sostenibles también exige empoderar a las mujeres agricultoras, brindar oportunidades a los jóvenes e invertir en los pequeños agricultores.

El hambre es mucho más que la falta de alimentos, es una terrible injusticia. En el Día Mundial de la Alimentación, reafirmemos nuestro compromiso de trabajar codo con codo para poner fin al hambre en nuestro tiempo.


15 de octubre, 2015 — Las mujeres rurales se ven afectadas de manera desproporcionada por la pobreza y se enfrentan a múltiples formas de discriminación, violencia e inseguridad, advirtió hoy el Secretario General de Naciones Unidas.
En su mensaje con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se celebra cada 15 de octubre, Ban Ki-moon aseguró que un mes después de la histórica aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el reto es aprovechar la oportunidad de este nuevo marco para transformar sus vidas.

Las mujeres rurales constituyen un pilar de unos medios de vida sostenibles y proporcionan seguridad alimentaria a sus familias y comunidades, además de contribuir a las economías nacionales, participando en cadenas de valor agrícolas.

Sin embargo, las mujeres rurales siguen estando en una peor situación que los hombres de acuerdo con todos los indicadores que maneja la ONU. Ban instó a la comunidad internacional a revertir esa situación.

“Para que las mujeres rurales puedan contribuir al desarrollo sostenible y beneficiarse de él, debemos construir unos sistemas de protección social, unos mercados de trabajo y productos, y unas instituciones de gobernanza y organizaciones de la sociedad civil fuertes”, sostuvo.

Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluyen una meta para “duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala, en particular las mujeres”. En este contexto, el Secretario General destacó el papel de las mujeres rurales para el éxito de casi la totalidad de los 17 ODS.

En los países en desarrollo, las mujeres rurales suponen aproximadamente el 43 por ciento de la mano de obra agrícola. Teniendo en cuenta que el 76 por ciento de la población que vive en la extrema pobreza se encuentra en zonas rurales, garantizar el acceso a las mujeres a recursos agrícolas productivos contribuye a reducir el hambre en el mundo.


 

Mensaje del Secretario General -Día Internacional de las Mujeres Rurales, 15 de octubre-

Este año, la celebración del Día Internacional de las Mujeres Rurales se produce apenas un mes después de la histórica aprobación por los líderes mundiales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El reto que tenemos ahora es aprovechar la oportunidad que ofrece este nuevo y estimulante marco para transformar la vida de las mujeres rurales.

Las mujeres rurales constituyen una proporción significativa, vital y considerable de la humanidad. Son agricultoras y trabajadoras rurales, especialistas en horticultura y vendedoras en mercados, empresarias y líderes comunitarias. Las mujeres rurales constituyen el pilar de unos medios de vida sostenibles y proporcionan seguridad alimentaria a sus familias y

comunidades. Su labor es crucial no solo para el progreso de los hogares rurales y las economías locales, sino también para las economías nacionales, a las que contribuyen participando en cadenas de valor agrícolas.

Sin embargo, las mujeres rurales se ven afectadas de manera desproporcionada por la pobreza y se enfrentan a múltiples formas de discriminación, violencia e inseguridad. Tras 15 años de esfuerzos en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), las mejoras en la situación de las mujeres rurales han sido muy limitadas. Las mujeres rurales están en peor situación que los hombres rurales y que las mujeres y los hombres de las zonas urbanas de acuerdo con todos los indicadores de los ODM para los que se dispone de datos.

Ha llegado el momento de revertir esta situación. Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tienen en su centro las cuestiones de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, e incluyen una meta para “duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala, en particular las mujeres”. En efecto, las mujeres rurales son fundamentales para el éxito de la casi totalidad de los 17 ODS.

Para que la labor en pro de las mujeres rurales dé mejores frutos a lo largo de los próximos 15 años, debemos aprovechar las enseñanzas extraídas de la aplicación de los ODM. La pobreza extrema es, en gran medida, un fenómeno rural. Para que las mujeres rurales puedan contribuir al desarrollo sostenible y beneficiarse de él, debemos construir unos sistemas de protección social, unos mercados de trabajo y productos, y unas instituciones de gobernanza y organizaciones de la sociedad civil resilientes.

El Día Internacional de las Mujeres Rurales constituye un momento oportuno para dar mayor resonancia a las voces y experiencias de las mujeres rurales de todo el mundo. Hagamos realidad nuestro compromiso con la creación de oportunidades para las mujeres rurales en todos los objetivos pertinentes, impulsando así el progreso de todos.

 

Ban Ki-moon