Las mujeres representan dos tercios del total de la población analfabeta del mundo, alertó hoy la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Ese y otros datos se incluyen en un atlas en línea elaborado por el Instituto de Estadísticas de ese organismo publicado con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebrará el 8 de marzo.

El mapa muestra que las niñas siguen siendo las primeras a quienes se les niega el derecho a la educación, a pesar de todos los esfuerzos realizados y los avances logrados en los últimos veinte años.

La desigualdad sigue siendo muy grande en los Estados árabes, África subsahariana y Asia Meridional y Occidental.

La UNESCO apuntó que de persistir esta tendencia, casi 16 millones de niñas de entre seis y 11 años nunca irán a la escuela primaria, en comparación con ocho millones de niños.

A la luz de estas cifras, la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, afirmó que nunca se alcanzarán los Objetivos de Desarrollo Sostenible si no se logra vencer la discriminación y la pobreza que paralizan las vidas de las niñas y las mujeres de generación en generación.

Bokova instó a todos los Estados a trabajar a todos los niveles, desde la base social hasta los dirigentes mundiales, para hacer de la equidad y la integración los ejes de toda política, de modo que todas las niñas vayan a la escuela, prosigan sus estudios y lleguen a ser ciudadanas emancipadas.

El atlas electrónico mundial de la desigualdad de género en la educación muestra las brechas de género existentes desde la enseñanza primaria hasta la terciaria mediante los últimos datos disponibles. Muestra la trayectoria educativa de las niñas y niños de más de 200 países y territorios mediante un centenar de mapas y gráficos interactivos.

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Alrededor del 80% de la población total de 634 millones de habitantes en América Latina y el Caribe vive en ciudades. En el ámbito laboral, en 2014, la mayor parte se dedicaba al comercio y otros servicios (48,2%), a la agricultura (18,5%) y a las manufacturas (11,9%).

Estos son algunos de los datos recopilados en el nuevo Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 2015 difundido este lunes por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y disponible en Internet.

Esta publicación, elaborada a partir de información disponible hasta mediados de 2015, ofrece un panorama estadístico que describe el desarrollo social, económico y ambiental de los países de la región, y constituye una referencia esencial para el análisis comparativo.

Como uno los progresos logrados en la región en 2015, el anuario muestra que el 94,6% de América Latina tenía acceso a agua potable y que el 83,1% de las instalaciones de saneamiento habían sido mejoradas. Sin embargo, estos porcentajes descendían en las zonas rurales al 83% y 64% respectivamente.

Dentro del ámbito económico, el informe refleja que en 2014, la región registró un crecimiento de un 1,2% si bien el balance en cuenta corriente registró un saldo negativo de casi 180.000 millones de dólares, o el equivalente al 2,9% del PIB regional. La inflación también aumentó, alcanzando un nivel de 7,8%.

El Anuario destaca en su capítulo dedicado al medio ambiente, que cerca de 2.000 millones de hectáreas de la superficie terrestre de América Latina, o el 20%, son áreas protegidas. A su vez, el cultivo con mayor superficie cosechada fue la soja, seguido por el maíz y la caña de azúcar.

La mayor parte de la información incluida en el Anuario proviene directamente de las oficinas nacionales de estadística, bancos centrales, organismos internacionales y otras instituciones oficiales.

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El documento es un resumen del estudio sobre la Situación de Salud Sexual y Reproductiva de las y los Adolescentes y Jóvenes en 11 Municipios del País, realizado conjuntamente por el Ministerio De La Juventud y UNFPA. El estudio confirmó la importancia de la asociación que existe entre eventos reproductivos y del desarrollo social de adolescentes y jóvenes.

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El amamantamiento puede salvar la vida de 820.000 niños cada año, el 90% de ellos bebés menores de seis meses, afirmó una nueva publicación de la revista científica “The Lancet”.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) encomió la investigación y afirmó, en un comunicado, que confirma los beneficios vitales de esa práctica para la madre y su bebé, tanto en países pobres como ricos.

Según el estudio, la lactancia materna puede prevenir casi la mitad de los casos de diarrea e infecciones respiratorias, dos de las causas principales de muerte en niños menores de cinco años.

También demuestra que cada año que la madre amamanta, reduce en un 6% los riesgos de contraer cáncer de seno.

Agrega que los niveles de amamantamiento actuales ya previenen al menos 20.000 muertes por cáncer de seno cada año, un número que puede duplicarse con mejoras en esta práctica, de acuerdo con The Lancet.

El amamantamiento prolongado también está vinculado a una reducción del cáncer de ovario.

Otro punto de la investigación se refiere a las pérdidas cognitivas asociadas a la falta de amamantamiento, que impacta el potencial de ingresos en 302.000 millones de dólares anuales.

UNICEF señaló que las múltiples ventajas en términos de salud para las madres y los niños, así como los posibles beneficios económicos, deberían impulsar a los gobiernos a establecer políticas y programas destinados a proteger, promover y apoyar la lactancia materna.

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30 de diciembre, 2015 — El primer día de 2016 entrará en vigor oficialmente la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible que durante los próximos 15 años marcará la pauta para construir un mundo más justo y equitativo para toda la población, además de velar por el medio ambiente.

La Agenda, aprobada por los 193 Estados miembros de la ONU en septiembre pasado, está compuesta por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los que destacan la erradicación de la pobreza y el hambre, la consecución de educación y servicios médicos universales y la protección de los ecosistemas marinos y terrestres.

“Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible son nuestra visión compartida de la humanidad y un contrato social entre los líderes del mundo y las personas” dijo el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon.

Los ODS abordan las necesidades de las personas de los países desarrollados y en desarrollo, haciendo hincapié en que no debe dejarse a nadie atrás.

La Agenda integra las dimensiones social, económica y ambiental del desarrollo sostenible, y atiende aspectos relacionados con la paz, la justicia y las instituciones eficaces.

La movilización de medios de aplicación, entre ellos recursos financieros, desarrollo y transferencia de tecnología y desarrollo de la capacidad, así como el papel de las alianzas, también se reconocen como esenciales.

Para la puesta en marcha del nuevo plan, Ban Ki-moon subrayó que hacer realidad la Agenda es responsabilidad principalmente de los países, pero agregó que también requerirá nuevas alianzas y solidaridad internacional.

El examen de los avances se llevará a cabo periódicamente en cada país, con la sociedad civil, las empresas y los representantes de varios grupos de interés. A nivel regional, los países compartirán experiencias y tratarán asuntos comunes, mientras que con carácter anual en ONU, el Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible (FPAN) hará un balance de los progresos a nivel mundial, identificando las deficiencias y cuestiones emergentes y recomendando medidas correctoras.


Al aprobar la histórica Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, los dirigentes del mundo expresaron su determinación de buscar la prosperidad y el progreso compartidos en un espíritu de solidaridad mundial. El Acuerdo de París sobre el cambio climático constituye otro hito importante para nuestro planeta y todos los pueblos.

 

Estos logros fueron impulsados por dos objetivos complementarios: no dejar a nadie atrás y construir una vida digna para todos. Este espíritu de solidaridad mundial debe inspirar ahora nuestra respuesta colectiva a otros grandes retos que enfrenta la humanidad.

En particular, este espíritu ha de presidir la respuesta a la apremiante situación de quienes, en un número sin precedentes, se ven obligados a abandonar sus hogares y comunidades. Demasiadas personas han huido de los extremistas violentos para acabar siendo nuevamente victimizadas por la xenofobia, la discriminación y el abuso. Debemos enfrentarnos juntos a todos aquellos que propagan temores infundados. Ayudar a los vulnerables nos eleva a todos.

 

Ahora que la diversidad es presa de ataques verbales o violentos en tantos lugares del mundo, debemos aprovechar al máximo el Día Internacional de la Solidaridad Humana para reafirmar nuestra humanidad común, defender nuestros valores compartidos y crear un futuro mejor para todos.


En el Día de los Derechos Humanos, publicamos a continuación el mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. Ban Ki-moon.

Ante las enormes atrocidades y abusos generalizados que se están cometiendo en todo el mundo, el Día de los Derechos Humanos debería impulsar una acción mundial más concertada para promover los principios que colectivamente hemos prometido cumplir.

En un año en que se conmemora el 70º aniversario de las Naciones Unidas, podemos inspirarnos en la historia del movimiento de derechos humanos moderno, que surgió a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, el Presidente de los Estados Unidos de América, Franklin D. Roosevelt, definió cuatro libertades básicas como derechos inalienables de todas las personas: la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad para vivir sin miseria y la libertad para vivir sin temor. En las Naciones Unidas, su esposa, Eleanor Roosevelt, unió sus fuerzas con paladines de los derechos humanos de todo el mundo para consagrar esas libertades en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Los retos extraordinarios de hoy pueden considerarse —y afrontarse— a través del prisma de estas cuatro libertades.

– Primera: la libertad de expresión. Esta libertad se niega a millones de personas y está cada vez más amenazada, por lo que debemos defender, preservar y ampliar las prácticas democráticas y el espacio de la sociedad civil. Ello es esencial para una estabilidad duradera.

– Segunda: la libertad de culto. En todo el mundo, los terroristas se han apropiado de la religión y han traicionado su espíritu al asesinar en su nombre. Otros están atacando a las minorías religiosas y aprovechan los temores para obtener beneficios políticos. En respuesta a ello, debemos promover el respeto por la diversidad basado en la igualdad fundamental de todas las personas y el derecho a la libertad de religión.

– Tercera: la libertad para vivir sin miseria. Gran parte de la humanidad sigue sin tener esta libertad. En septiembre, los dirigentes del mundo aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible con el objetivo de poner fin a la pobreza y permitir que todas las personas puedan vivir con dignidad en un planeta pacífico y sano. Ahora debemos hacer todo lo posible para que esta visión se materialice.

– Cuarta: la libertad para vivir sin temor. Los millones de refugiados y desplazados internos son un trágico resultado del incumplimiento de esta libertad. Desde la Segunda Guerra Mundial nunca tantas personas se habían visto obligadas a huir de sus hogares. Esas personas huyen de la guerra, la violencia y la injusticia a través de continentes y océanos, a menudo arriesgando sus vidas. En respuesta a ello, no debemos cerrar las puertas sino abrirlas y garantizar el derecho de todos a pedir asilo, sin discriminación alguna. Los migrantes que intentan escapar de la pobreza y la desesperanza también deben poder disfrutar de sus derechos humanos fundamentales.

Hoy reafirmamos nuestro compromiso con la protección de los derechos humanos como base de nuestra labor. Este es el espíritu de la iniciativa de las Naciones Unidas Los Derechos Humanos Primero, cuyo objetivo es impedir violaciones en gran escala y responder a las que se cometan.

En ocasión del Día de los Derechos Humanos, volvamos a comprometernos a garantizar las libertades fundamentales y a proteger los derechos humanos de todos.


Este año celebramos el Día Internacional de las Personas con Discapacidad tras haber aprobado la ambiciosa Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este plan global de acción nos insta a «no dejar a nadie atrás».

Para construir un mundo sostenible e incluyente para todos es necesario que participen plenamente personas con capacidades de todo tipo. La Agenda 2030 incluye muchas cuestiones de interés para las personas con discapacidad, y hemos de trabajar en forma conjunta para que esos compromisos se plasmen en una acción concreta.

Este año la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres reconoció el papel fundamental que incumbe a las personas con discapacidad en la promoción de un enfoque más accesible para todos en materia de preparación y respuesta para casos de desastre. El año próximo, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) se debatirá una nueva agenda de desarrollo urbano para hacer de nuestras ciudades lugares más incluyentes, accesibles y sostenibles. En este proceso serán de fundamental importancia las voces de las personas con discapacidad.

De cara al futuro, debemos reforzar las políticas y prácticas de desarrollo para asegurarnos de que la accesibilidad forme parte de un desarrollo incluyente y sostenible. Para ello es necesario mejorar nuestro conocimiento acerca de los retos que afrontan las personas con discapacidad —entre otras cosas mediante datos más sólidos y desglosados— y asegurarnos de que se empodere a dichas personas para crear oportunidades y aprovecharlas.

Junto con las personas con discapacidad, podemos hacer avanzar al mundo sin dejar a nadie atrás.

 

Ban Ki-moon


Este año encaramos el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA con renovada esperanza. Agradezco la dedicada labor de los activistas, encomio los persistentes esfuerzos de los trabajadores sanitarios, y rindo tributo a los defensores de los derechos humanos por su posición de principios y a todos los afectados por el valor que han demostrado al sumar sus fuerzas para conseguir avances contra la enfermedad a nivel mundial.

 Los dirigentes de todo el mundo asumieron, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en septiembre, el compromiso unánime de poner fin a la epidemia del SIDA para 2030. Ese compromiso es reflejo del poder de la solidaridad, que ha logrado forjar alrededor de una enfermedad tan destructiva uno de los movimientos más inclusivos de la historia moderna.

 Es mucho lo que podemos aprender de la respuesta al SIDA. Una a una, las personas se han ido alzando en defensa de la ciencia, los derechos humanos y el empoderamiento de todos los que viven con el VIH. Así es cómo podremos acabar con esta epidemia: trabajando todos juntos.

 No obstante, el plazo para actuar se está agotando. Por ello, pido que se adopte un enfoque acelerado para intensificar las inversiones y cerrar la brecha entre las necesidades y los servicios.

Para acabar con esta epidemia y evitar que vuelva a repuntar debemos luchar en todos los frentes: necesitamos más del doble de especialistas para poder suministrar tratamiento a los 37 millones de personas que viven con el VIH y, de ese modo, transformar sus vidas; tenemos que facilitar el acceso de las adolescentes y las mujeres jóvenes a la educación y a opciones genuinas que las protejan del VIH; y debemos asegurar el pleno acceso de los grupos afectados a servicios prestados con dignidad y respeto.

Todos los niños pueden nacer libres del VIH y sus madres no solo pueden superar el parto sino también disfrutar de una vida plena. Acabar con el SIDA es un requisito esencial para el éxito de la iniciativa “Todas las mujeres, todos los niños” y la Estrategia Mundial que puse en marcha con el fin de garantizar la salud y el bienestar de las mujeres, los niños y los adolescentes en el curso de una generación.

El cumplimiento acelerado de las metas fijadas evitará nuevas infecciones por el VIH y muertes causadas por el SIDA y, al mismo tiempo, ayudará a eliminar la discriminación y el estigma asociados al VIH.

Aguardo con interés la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General sobre el SIDA que se celebrará en 2016 y será una oportunidad crucial para que el mundo se comprometa a aplicar el modelo de actuación acelerada para acabar con el SIDA.

En este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA rindamos tributo a todos los que perdieron su vida por esta enfermedad y renovemos nuestra determinación de promover la justicia, el acceso y la esperanza en todo el mundo.


Los crímenes atroces cometidos contra las mujeres y las niñas en las zonas de conflicto, junto con el problema de la violencia doméstica que afecta a todos los países, constituyen una grave amenaza para el progreso.

Me preocupan profundamente las difíciles circunstancias de las mujeres y las niñas que viven en condiciones de conflicto armado, quienes sufren múltiples formas de violencia, agresión sexual, esclavitud sexual y trata. Los extremistas violentos están tergiversando las doctrinas religiosas para justificar la subyugación en masa y el abuso de las mujeres. No se trata de actos de violencia fortuitos ni de consecuencias indirectas de la guerra, sino más bien de medidas sistemáticas para negar a las mujeres sus libertades y el control de su cuerpo. Una de las consideraciones fundamentales en los esfuerzos desplegados a nivel mundial para combatir y prevenir el extremismo violento debe ser la protección y el empoderamiento de las mujeres y las niñas.

La mitad aproximadamente de los 60 millones de personas que han sido desplazadas por la fuerza son mujeres. Muchas de las que huyen de la guerra y la violencia son a menudo explotadas por traficantes sin escrúpulos y sufren a causa de la discriminación por razón de género y la xenofobia en las sociedades de acogida. Las que son demasiado jóvenes, demasiado viejas o demasiado débiles para emprender el peligroso viaje se quedan solas en su lugar de origen, lo que aumenta su vulnerabilidad al no contar con el apoyo de los que se han ido.

Incluso en las zonas donde reina la paz la violencia contra las mujeres persiste y se registran casos de feminicidio, agresión sexual, mutilación/ablación genital femenina, matrimonio precoz y ciberacoso. Esas prácticas traumatizan a las personas y desintegran el entramado de la sociedad.

He liderado, a través de la campaña “ÚNETE para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres” y de la iniciativa “Él por Ella”, un movimiento mundial para implicar a los hombres en la promoción de la igualdad de género. En ese contexto, exhorto a los gobiernos a que aumenten sus contribuciones al Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para Eliminar la Violencia contra la Mujer, cuyo objetivo es subsanar la insuficiencia crónica de inversiones en esta esfera.

Millones de personas de todo el mundo se han unido bajo el estandarte naranja, que es el color elegido como símbolo de un futuro mejor, libre de la violencia contra las mujeres y las niñas. Este año, como muestra del creciente impulso en favor del cambio, se iluminarán de color naranja numerosos monumentos icónicos, entre ellos las ruinas de Petra en Jordania y las cataratas del Niágara en América del Norte.

También podemos despejar el camino hacia un futuro de dignidad e igualdad para todos mediante la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible aprobada recientemente, en la que se reconoce la importancia de eliminar la violencia contra las mujeres y se fijan metas conexas en relación con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible. Asimismo, en varios exámenes amplios recientes de las operaciones de paz de las Naciones Unidas, las labores de consolidación de la paz y los programas relativos a la mujer y la paz y la seguridad, se ha puesto de relieve la importancia crucial de incorporar la participación de las mujeres en las iniciativas de paz y seguridad.

 La violencia contra las mujeres y las niñas está muy extendida, por lo que todos podemos tomar medidas para acabar con ella. Juntemos nuestras fuerzas para poner fin a este crimen, promover la plena igualdad de género y crear un mundo en el que las mujeres y las niñas disfruten de la seguridad que merecen. Hagámoslo por el bien de ellas y el de toda la humanidad.

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