La Coordinadora Residente

Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); Principios compartidos, agenda global, responsabilidad individual / Lección inaugural

Lección Inaugural Año Lectivo 2015 Universidad Nacional Agraria de Nicaragua Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): Principios compartidos, agenda

Lección Inaugural Año Lectivo 2015

Universidad Nacional Agraria de Nicaragua

Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS):

Principios compartidos, agenda global, responsabilidad individual

Silvia Rucks, Coordinadora Residente del

Sistema de las Naciones Unidas en Nicaragua

Lunes 13 de abril, 2015 


Saludos protocolarios,

Es un honor para mí y la organización que represento estar impartiendo esta Lección Inaugural del ciclo académico 2015 frente al Rector de la Universidad Nacional Agraria, Ing. Telémaco Talavera, académicos, estudiantes y demás personas que nos acompañan.

En primer lugar quisiera contextualizar sobre mi presencia aquí hoy con ustedes que son parte de la comunidad académica cuya principal preocupación, seguramente, es la de apoyar la formación de capacidades y la investigación para promover más inclusión social.

Nicaragua con 6.2 millones de personas, a pesar de su crecimiento económico y cierta diversificación productiva, sigue siendo un país que depende principalmente de su riqueza material dada por abundantes recursos naturales, lo que le otorga características particulares y con un elevado peso de la ruralidad.

Por ello, cuando el Rector Magnífico de la UNA me invitó a hacer esta Lección Inaugural no dudé en aceptar porque percibí que era una ocasión en la que podríamos compartir algunas reflexiones sobre la agenda del desarrollo humano y en particular conversar sobre temas que son fundamentales para el bienestar de la población nicaragüense.

Digo esto porque una de las cosas que me llama la atención de este país, es que si bien el desarrollo humano ha avanzado mucho, persisten algunas brechas que están muy marcadas por lo rural.

Pero ello es más preocupante cuando vemos que lo rural es lo que nutre a la economía en su conjunto con la producción de productos primarios para el consumo interno, granos básicos principalmente, pero también para las exportaciones que a su vez proveen las divisas necesarias para importar aquellas cosas que el país no tiene capacidad de producir.  En 2014 el 75% del total de las divisas generadas por las exportaciones, correspondió a productos provenientes de la producción agropecuaria y la pesca.

El último censo de población y vivienda (2005) nos dice que el 44% de la población de Nicaragua está viviendo en zonas rurales.

Y si bien la producción del sector primario ha disminuido su peso con relación al PIB, desde un 24% en 1960, sigue teniendo mucha importancia para la economía pues ha aportado el 19% en 2014[1].  Esto nos muestra que el perfil productivo del país ha cambiado poco en los últimos 50 años.

Pero también el sector primario sigue siendo una fuente importante de empleo de la población nicaragüense, alcanzando en los últimos años casi una tercera parte del empleo total, aunque contrastando fuertemente con el peso que tuvo en 1963, cuando representaba el 60% de la ocupación en el país. Es decir, el campo no está siendo capaz de retener a la población en sus lugares de origen.

Lo lógico aquí sería preguntarnos por qué se da esta situación?

Posiblemente no cueste mucho encontrar las respuestas cuando confrontamos esos datos con las estadísticas sociales que dan cuenta de la calidad de vida de la población.

En el 2011-2012 el 54% de la población rural padecía de pobreza multidimensional, contrastando con el 8.3% en el sector urbano.  Los indicadores que reflejan las mayores contribuciones a la pobreza multidimensional en zonas rurales son: los pocos años de escolaridad de su población y la no asistencia a centros educativos por parte de los niños/as y jóvenes. La mortalidad materna sigue siendo un gran desafío dado que en las zonas rurales y en particular en las regiones autónomas las tasas de mortalidad materna pueden duplicar o triplicar el promedio nacional. Además, la baja cobertura de electricidad, de agua y saneamiento, las condiciones de la vivienda y la reducida disponibilidad de activos.

Todos estos elementos y otros a los que me referiré más adelante, son los que marcan brechas de equidad, que desde el paradigma del desarrollo humano no podemos aceptar y por tanto debemos seguir trabajando y buscando las mejores vías para promover el logro de la igualdad de derechos.

Creo que ha quedado claro mi interés profesional en materia agraria y rural, quizás también debería compartir con ustedes mi interés desde el plano personal: soy nieta, hija, sobrina -doble- y prima -triple- de Ingenieras e Ingenieros Agrónomos, por lo tanto estos temas han marcado mi existencia desde mis primeros años de vida.

De dónde venimos?

En los últimos 30 años hemos sido testigos de avances científicos y tecnológicos que revolucionaron al mundo y que contribuyeron al desarrollo humano en todos los países.

Sin embargo,  persisten algunos problemas que nos llevan a reflexionar sobre nuestro accionar.  Y digo esto porque si bien el desarrollo humano y el crecimiento económico han evolucionado favorablemente, particularmente en la región latinoamericana, todavía la pobreza y la desigualdad siguen siendo rasgos característicos de nuestras sociedades.

La Cumbre del Milenio fue un punto en el largo camino del desarrollo que inició en 1948 con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pasando por muchas Conferencias y Cumbres Mundiales donde los Jefes y Jefas de Estado de todo el mundo acordaron seguir construyendo la paz, la seguridad y la ciudadanía activa con el pleno ejercicio de los derechos humanos de todas las personas, sin distingo de ningún tipo.  Marcó un antes y un después para el desarrollo humano.

Por primera vez 189 países (hoy 192), suscribieron la Declaración del Milenio con sus 8 objetivos de desarrollo, 18 metas y 49 indicadores.  La que sentó las bases para que los gobiernos tomaran o re-tomaran el camino que los condujera a cubrir la deuda social que tenían con su población.

La Declaración del Milenio implicó también un compromiso colectivo para su implementación, ya que no solo convocó a los Estados Miembros, sino también a organizaciones de la sociedad, al sector privado, a organismos de la cooperación, a las universidades. A todos los actores preocupados por el desarrollo y el bienestar de la población, sin discriminación alguna. El objetivo común fue dar una atención y un enfoque sistemático a la reducción de la pobreza en el mundo.

Qué hemos logrado en la región Latinoamericana a la fecha?

Las diferentes agencias del SNU han dado un seguimiento y apoyo a los gobiernos para el cumplimiento de los ODM. El balance más actualizado de la región a partir de las encuestas de hogares de los países muestra que hay avances en la reducción de la pobreza extrema; en la disminución de niños y niñas menores de 5 años con peso inferior al normal; en la reducción de la mortalidad infantil; en la proporción de población con acceso a agua potable y en la paridad de género en la educación primaria[2].

Pero… aún se enfrentan grandes desafíos: en la mortalidad materna y vinculada a ello, en la baja proporción de partos con asistencia calificada; en el lento avance en cobertura y particularmente en la calidad de la educación; en el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, particularmente de la población joven y de las mujeres[3].

La desigualdad por razones de género es otra deuda pendiente que tienen todos los países de la región.

Hay limitada participación de las mujeres en espacios de toma de decisión, aunque Nicaragua es una de sus excepciones, particularmente en participación política.

Persiste la triple carga de trabajo para las mujeres: en el hogar, en el mercado laboral y a nivel comunitario.

En Latinoamérica una de cada tres mujeres no dispone de ingresos propios, mientras esa situación solo la enfrentan el 12% de los hombres[4]. Y no es porque las mujeres trabajamos menos … de hecho la carga de trabajo, considerando el tiempo dedicado a trabajo productivo y reproductivo, es de 11 horas promedio para las mujeres y de 9.5 horas para los hombres, de 10 países de la región para los que se dispone de información, destacando Costa Rica con diferencias muy pronunciadas con 14 horas para las mujeres y 12 hs. para los hombres o Nicaragua con 13 hs. para las mujeres y 11.5 para los hombres[5].

Hay una mayor tasa de feminización de la pobreza en zonas rurales, con un elevado peso del empleo informal y con mayor afectación en mujeres jóvenes.

Las diferentes formas de discriminación que sufren las mujeres en nuestros países, cercena la posibilidad de que un 50% de la población sea parte activa de los procesos económicos, sociales, políticos y culturales. Se tornará difícil alcanzar el desarrollo humano sostenible si no se logra la igualdad de derecho entre mujeres y hombres.

Ejemplo de la discriminación es el hecho que:

Mientras las mujeres tienen en muchos países una mayor participación en el sistema educativo e incluso con mejores calificaciones, ello no se traduce en mayores tasas de retorno o más y mejores empleos en el mercado laboral.

Asimismo, los altos niveles de fecundidad no deseada en adolescentes es una amenaza real para sus proyectos de vida.

Los elevados y cada vez más cruentos actos de violencia en contra de las mujeres, niñas y niños, son flagelos que tienen raíces estructurales basados en la desigualdad por razones de género y generacional y en las relaciones desiguales de poder en la sociedad.

A pesar de los avances en materia legislativa en varios países, la impunidad frente a la violencia en contra de las mujeres sigue siendo la norma, lo que plantea grandes desafíos a ser abordados de manera sistémica e integral.

Además, las mujeres indígenas y afrodescendientes enfrentan triple discriminación: por su pertenencia étnica, por razones de género y por su situación de pobreza. En varios países de la región latinoamericana, la mayoría de las mujeres indígenas no hablan las lenguas mayoritarias lo que constituye un obstáculo para el acceso a servicios básicos que no se adecúan a sus culturas.  La mortalidad de mujeres indígenas es 3 veces más alta que el promedio regional (130 mujeres por 100.000 nv.).

Por otra parte, no hay duda de que la región ha superado etapas duras de conflicto. Hoy vivimos en una región con democracias más estables.  Las economías también muestran rasgos de mayor resiliencia frente a los choques externos, lo que se evidencia en un crecimiento promedio del PIB en América Latina de 2.9% entre 2009 (cuando golpeó más fuertemente la crisis) y el 2014, en el caso se Centroamérica fue aun más alto, 3.6% para ese mismo período[6].

A pesar de los avances en Latinoamérica en materia de redistribución de ingresos, seguimos siendo la región más desigual en el mundo con presencia de importantes bolsones de pobreza extrema y exclusión social, donde no ha llegado el efecto del crecimiento económico ni el impacto de las políticas de protección social que han implementado los gobiernos.  Los segmentos poblacionales que están siendo más afectados por la desigualdad son: las mujeres, los jóvenes, la población rural y los pueblos indígenas y afrodescendientes.

En este marco, Nicaragua se ha posicionado en el ranking de Latinoamérica en ser uno de los países con mayores avances en la mejora de la distribución del ingreso, logrando una reducción de la desigualdad promedio anual de 2.64% entre el 2000-2012[7].

Cuál es el panorama de los ODM en Nicaragua?

En Nicaragua, también observamos importantes avances en el logro de varios de los ODM.  Merece destacar los esfuerzos gubernamentales y no gubernamentales en la reducción de la extrema pobreza, que según los datos oficiales al 2009 estaba muy cerca de la meta fijada para el 2015.

La pobreza multidimensional es una nueva forma de medir la pobreza más allá del ingreso o el consumo promedio de las personas (PNUD/OPHI).  La última medición para Nicaragua con base en la encuesta de demografía y salud 2011-2012, muestra que las mayores privaciones se dan en el ámbito de condiciones de vida vinculadas al empleo remunerado y el bajo acceso al saneamiento de los hogares. Y especialmente en la población de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe, donde las mayores carencias se observan en algunos indicadores como: años de escolaridad, elevada mortalidad infantil, baja electrificación y malas condiciones de las viviendas.

La FAO_ ha destacado a Nicaragua como uno de los países de la región con mayor avance en la proporción de personas subalimentadas, pasando de 54.4% en el período 1990-1992 al 16.8% en el período 2012-2014, lo que implica, nada menos, que 1.3 millones de personas ya no están afectadas por desnutrición crónica en el país[8].

Nicaragua también ha sido reconocida como el país que registra en los últimos años una de las mayores tasas de participación de las mujeres en espacios de toma de decisión en todos los poderes del Estado, y con mayor tasa en la matrícula con relación a los hombres en los tres niveles educativos.

Pero, al igual que en el resto de los países de la región, quedan desafíos pendientes de abordar.  La igualdad y equidad en el mercado laboral, el ejercicio de derechos económicos y sociales, la violencia, las relaciones desiguales de poder, el trabajo reproductivo, entre otros, son temas que aún requieren atención desde la política pública.

En Nicaragua también se observan progresos importantes en lo que respecta a la disminución de la mortalidad infantil y en la tasa de mortalidad materna. UNICEF, OPS/OMS han reconocido los esfuerzos del Gobierno en el avance de ambos objetivos. Aun cuando se reconoce que persisten retos principalmente en mortalidad de menores de 1 año y de mujeres adolescentes (15-19 años).

Destacan también los avances significativos del país en el cambio de la matriz energética (ODM 7).  La generación de energía a base de recursos renovables pasó de 29% en 2007 al 54% en 2014[9].  Según el Informe Climascopio de Bloomberg New Energy Finance de 2014, Nicaragua ocupa los primeros lugares entre 26 países latinoamericanos evaluados.

Los mayores desafíos aún están en la preservación de áreas protegidas, la cobertura forestal, el uso de la tierra y el acceso a ésta de manera equitativa.

Adicionalmente, los bajos niveles de productividad de Nicaragua siguen siendo un eslabón crítico para asegurar el crecimiento económico incluyente.

Cuál ha sido la contribución del PNUD y el SNU en el proceso de los ODM?

En 2010, el Secretario General de las NU solicitó una revisión del cumplimiento de los ODM e hizo un llamado para acelerar el progreso.   En ese contexto, el PNUD propuso una metodología conocida como Marco para Acelerar el Logro de los ODMS (MAF por sus siglas en inglés) que se constituyó en un instrumento valioso de aplicación en alianza con otras agencias del SNU.

La propuesta metodológica del MAF consistió en la identificación de cuellos de botella para el logro de los ODM más estratégicos y el diseño de acciones de forma participativa entre diversos actores de desarrollo para levantar esos obstáculos y contribuir en el avance de los mismos.

El PNUD puso en práctica el MAF en 8 países piloto a nivel mundial y para el año 2014 más de 50 lo estaban aplicando en los diferentes continentes[10].

Esta metodología permitió dar respuesta a las necesidades y prioridades de los países sobre los ODM, ofreciendo apoyo a los esfuerzos nacionales, complementando e impulsando sinergias para que los países lograran avances significativos en temas como salud materna, hambre, pobreza, agua y saneamiento, VIH SIDA con iniciativas a nivel nacional y sub nacional. Apuntando en muchos casos a la reducción de las desigualdades económicas, al acceso a la educación de calidad, a energía, entre otros.

El MAF también constituye una plataforma que ha permitido catalizar las iniciativas con alto nivel de apropiación nacional, articulando los roles de cada uno de los socios, complementando esfuerzos, acciones y recursos humanos, financieros y de cooperación técnica.

Un valor agregado de esta metodología es que plantea un esquema de trabajo que obliga a un monitoreo de manera permanente que permite identificar nuevos problemas y desafíos para orientar medidas correctivas durante el proceso de implementación del plan de acción, contribuyendo de manera más efectiva a la evolución y logro de los ODM.

Ahora bien, Uds. se preguntarán cuáles son los resultados que hoy podemos mostrar sobre el MAF?

Los planes de acción del MAF se basan en políticas y programas existentes en los países. Por lo tanto, es un impulso efectivo que parte de la voluntad política de los tomadores de decisión.

Por ejemplo, Colombia fue seleccionado como uno de los 8 países piloto para el desarrollo del MAF por sus altos indicadores de desigualdad (su índice de Gini era de los más altos del mundo en ese momento). El proceso inició  en seis territorios sub nacionales (departamentos y municipios) en la búsqueda del desarrollo humano local, contribuyendo así a reducir las disparidades en el acceso a oportunidades de la población de los territorios priorizados con relación al promedio nacional.  Al cabo de unos pocos años, la experiencia del MAF a nivel sub nacional se expandió a otros territorios y derivó en la formulación de más de 70 planes de acción_.

De acuerdo a la sistematización realizada en los países que han aplicado el MAF, entre los principales logros alcanzados destacan el haber contribuido a implementar planes de acción de lucha contra la mortalidad materna, fomentar la igualdad de género en la educación, reducir la mortalidad infantil. La aplicación de enfoques innovadores y en muchos casos basados en nuevas tecnologías, facilitó alcanzar resultados significativos en la implementación y monitoreo de políticas públicas para promover el desarrollo humano sostenible a través de los ODM[11].

Lecciones aprendidas del proceso de los ODM

Si bien la Declaración del Milenio dio un marco común de acción para avanzar en los derechos humanos, tuvo algunas falencias en su gestación.  En efecto, el proceso diseñado de arriba hacia abajo y con limitadas consultas, dificultó que se incluyeran temas relevantes de las regiones y para grupos sociales específicos. Es decir, que los ODM atendieran las desigualdades estructurales existentes y por tanto, ello hizo más lento el avance en el logro de los mismos.

El abordaje de cada uno de los objetivos tuvo un tratamiento simple sin considerar las múltiples relaciones que se dan en la vida de las personas.

La fijación de umbrales mínimos para las metas e indicadores perdió significancia para los países que estaban muy cerca o ya habían superado ese umbral. Ej: Cuba, Argentina, Uruguay, Chile, países del Caribe (Trinidad Tobago, Santa Lucia, Jamaica, Barbados), especialmente en lo relativo a la matrícula de niñas en educación primaria, el alfabetismo, entre otros.

Se establecieron metas fijas, y para el seguimiento fue más importante saber si éstas se lograban, y no tanto el análisis sobre los esfuerzos que estaban haciendo los países para profundizar el cambio en cada uno de los ODM.

Pero, a pesar del análisis crítico, merece también destacar que el proceso de gestación y cumplimiento de los ODM dejó cosas muy positivas que hoy están siendo recogidas para la construcción de la Agenda de Desarrollo Post 2015.

Un indicador de éxito lo constituye la madurez y apropiación de los ODM alcanzada por los gobiernos de países en desarrollo, reflejado en su compromiso, así como el que esperan de los países desarrollados, para seguir impulsando políticas y acciones orientadas a mejorar las condiciones de vida de su población, pero en un marco de mayor autonomía y empoderamiento.

Una lección aprendida del proceso de los ODM es que el desarrollo no es unidimensional, el crecimiento económico no debe verse de manera aislada de la interdependencia y la integración de esfuerzos en diferentes ámbitos.  De allí la relevancia que tiene el concepto de Desarrollo Sostenible, que plantea la necesidad de considerar de manera articulada tres pilares del desarrollo: lo económico, lo social y lo ambiental.

En la medida que vamos avanzando también vamos entendiendo mejor la necesidad de profundizar la agenda del desarrollo que hoy se traduce en los ODS: Objetivos de Desarrollo Sostenibles.  Los países y los gobiernos hoy tienen más elementos sobre las agendas de desarrollo, conocen sus propias realidades y necesidades, y eso se ha traducido en un debate amplio y propositivo frente a la Agenda Post 2015.

Del análisis y reflexión generado por la Cumbre del Milenio, destacan algunos temas que están siendo abordados en una nueva y renovada agenda:

El cumplimiento de los ODM es una condición necesaria pero no suficiente.

Se requiere pasar del enfoque de necesidades básicas al cierre de brechas estructurales.

Pasar de metas enfocadas en los países en desarrollo, a objetivos universales y con métricas nuevas.

Poner en el centro de las acciones la igualdad, la sostenibilidad y la productividad.

Tener como objetivos sociedades más resilientes, auto sostenibles y con bienestar.

Disponer de una nueva gobernanza global transparente.

Por qué Objetivos de Desarrollo Sostenibles?

La reflexión y críticas que hicieron casi 2.0 millones de personas a través del canal de comunicación muy amplio impulsado por el Secretario General de las N.U. sobre los ODM y la nueva agenda de desarrollo Post 2015, permitió cambiar el enfoque hacia una agenda más efectiva y universal.

En este caso cabría aludir a un dicho popularmente conocido.

¡¡ No todas las segundas partes son malas!!

La nueva agenda propone 17 objetivos y 169 metas. Pero aquí lo importante no es cuántos son los objetivos y sus metas, sino cuáles son aquellos en que los países, con base en sus contextos nacionales y regionales, pueden asumir de manera efectiva y sobre los cuales estarán dispuestos a rendir cuentas de su avance.

Dentro de la nueva agenda siguen vigentes algunos objetivos como el de poner fin a la pobreza, el hambre, lograr la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición, garantizar una vida sana de todas las personas a lo largo del curso de vida, garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, garantizar el acceso a agua y saneamiento.

Pero tenemos nuevos objetivos:

La igualdad entre los géneros y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas cruza por cada uno de los 17 ODS.

El acceso a la energía asequible, segura y sostenible para todos.

El crecimiento económico sostenido e inclusivo, con pleno empleo  productivo y trabajo decente para todos y todas.

La promoción de modalidades de consumo y producción sostenibles.

La reducción de las desigualdades en y entre los países.

La promoción de sociedades pacificas, facilitando el acceso a la justicia para todos, con instituciones eficaces, responsables e inclusivas en todos los niveles.

La protección y uso sostenible de ecosistemas terrestres, ordenamiento sostenible de los bosques, luchas contra la desertificación, la degradación de las tierras y la pérdida de biodiversidad biológica. Y de los océanos, mares, recursos marinos.

El fortalecimiento de los medios de ejecución y la revitalización de la alianza mundial para el desarrollo sostenible. 

 

Un marco de acción universal: los ODS hacia el 2030

Estamos a las puertas del plazo establecido en la Declaración del Milenio (septiembre 2015) y de concertar una nueva agenda global.  Una agenda que se espera refleje las experiencias y necesidades de la población y sobre todo que sea entendida y adoptada por todos los países.  Una agenda transformadora y que sea parte integrante de las visiones y planes nacionales.

Como cooperación al desarrollo hemos aprendido que un trabajo de acompañamiento es más efectivo que trasplantar experiencias de otros contextos.

En efecto, el trabajo realizado a lo largo de los últimos 15 años en el marco de los ODM nos dio muchas lecciones, y posiblemente la más importante es la capacidad de autocrítica que nos ayuda a tener y compartir mejores resultados de nuestro accionar.

En ese marco, y considerando que los avances alcanzados en Nicaragua sobre los ODM están permeados por factores estructurales que seguramente estarán presentes en la agenda de los ODS, quisiera mencionar algunos que considero son fundamentales de atender en aras de promover acciones y políticas que ayuden a levantar los obstáculos que todavía enfrenta el Desarrollo Humano Sostenible en Nicaragua y en particular el de las brechas de equidad de la población rural como lo vimos al inicio de mi intervención.

La transición demográfica:

 Nicaragua está gozando del bono demográfico (población entre 15 y 64 años de edad), pero también está iniciando un proceso de rápido envejecimiento de su población debido a la notable disminución de la mortalidad infantil y la reducción de la tasa de fecundidad.  Pero estas tendencias se están dando en un contexto de tensiones entre el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y la necesidad de reducir las desigualdades entre la población de mayores y menores ingresos.

En este sentido, uno de los desafíos radica en la necesidad de mejorar la asignación de recursos para ampliar las oportunidades educativas, de salud, laborales, recreativas, emocionales y de participación cívica y política de la población joven. Otro desafío es la necesidad de implementar acciones de política para crear un piso de protección social que atienda a las crecientes necesidades de la población adulta mayor y de la población en edad activa que no tiene fuentes de ingresos para llevar una vida digna.

La educación:

 Hoy existe un mayor consenso sobre el papel catalizador de la educación para promover la justicia social y el empoderamiento.  Concebir el derecho a la educación con la garantía del acceso universal, es fundamental. Pero las políticas educativas deben evolucionar hacia la redefinición del derecho a la educación como el derecho a aprender.

Para ello, se requieren de otras estrategias que no sólo atiendan el tema de la cobertura sino acciones orientadas a mejorar la calidad y pertinencia de la educación para responder a las necesidades particulares de las personas y la de sus contextos locales, como la de mejorar los niveles de productividad o la potenciación de las capacidades y libertades de las personas para el ejercicio pleno de la ciudadanía.

Pero hoy en día la educación es difícil concebirla sin tomar en cuenta el derecho al acceso a la tecnología para promover la innovación al servicio del desarrollo humano. Se ha demostrado que la tecnología, información y comunicación (TIC) tiene efectos transversales y permiten avances en las diferentes dimensiones del desarrollo.

El acelerado progreso tecnológico a nivel mundial plantea nuevas demandas a los países en materia de marcos institucionales que les permita enfrentar de manera continua y sistemática estos cambios. Pero también se requiere asegurar inversiones públicas y privadas para mantener el nivel de conectividad y la actualización de los equipos que hagan posible su uso de manera incluyente.

Otro desafío en materia de tecnología, innovación y comunicación (TIC) es la de la eficiencia para garantizar la calidad de los servicios al menor costo posible y la equidad para asegurar un adecuado proceso de difusión.  Ambos requieren del desarrollo de capacidades y acciones complementarias para asegurar de manera efectiva la repercusión de las TIC sobre el desempeño económico y la integración social, y aquí está el vínculo con el sistema educativo, del que las universidades son parte.

La seguridad ciudadana:

 El Informe Regional de desarrollo Humano 2013-2014 del PNUD “Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina” señala que, a pesar del dinamismo económico registrado en los últimos años, la región sigue enfrentando el mayor índice de inseguridad ciudadana en el mundo.  Se estima que en un día típico 460 personas sufren las consecuencias de la violencia sexual, la mayoría son mujeres.  En Centroamérica 2 de cada 3 mujeres asesinadas fue por razones de género (femicidio).

La violencia tiene costos devastadores y fuertes consecuencias para la vida de las personas, sus comunidades y los países.  La violencia y el delito afectan el núcleo básico de los derechos que están en la esencia del desarrollo humano: la vida, la integridad física y material de las personas.

Nicaragua, se destaca entre los países de la región por políticas orientadas a la prevención bajo un “modelo policial comunitario proactivo”. Desde ese enfoque, las políticas inciden en los factores causales de la inseguridad ciudadana.  Así, los bajos índices registrados en Nicaragua, constituyen un activo muy importante que favorece las condiciones de vida de la población y también contribuye a la estabilidad económica, entre otros.

Ahora bien, es importante no quedarnos con datos promedios, dado que dentro de Nicaragua también existen diferencias en los índices de seguridad ciudadana.

Para preservar el activo simbólico y real que representa tener bajos niveles de inseguridad para el desarrollo del país se requieren de acciones que fomenten una educación que transforme las relaciones de poder que se sostienen por acciones y comportamientos violentos; promuevan el fortalecimiento institucional y la credibilidad de la población; reduzcan la impunidad y faciliten el acceso a la justicia a todas las personas para contribuir al fortalecimiento del tejido social.

El cambio climático, la vulnerabilidad y los riesgos de desastres:

Nicaragua ocupa el décimo primer lugar en el índice de riesgos de las Naciones Unidas (2011) y el cuarto lugar en el índice de riesgos climáticos a largo plazo para los países más afectados entre 1991 y 2010_, siendo por tanto, uno de los países más vulnerables del mundo. Los grupos sociales que enfrentan diferentes formas de vulnerabilidad (mujeres, niñez, pueblos indígenas y afrodescendientes, personas con discapacidad, población rural, etc.) son los que más sufren las consecuencias de daños ambientales y los desastres naturales.

Superar la vulnerabilidad y enfrentar los impactos del cambio climático, obliga a repensar la lógica de producir para que los sectores económicos logren experimentar saltos de productividad que sean posibles de irradiarse al conjunto de la sociedad.  No se trata de volver al esquema del “chorreo” sino de la promoción de actividades ambientalmente sostenibles, difundiendo más aceleradamente la innovación tecnológica, poniéndola al servicio del bienestar de la población y en particular de los más necesitados y en condiciones de vulnerabilidad.

La sostenibilidad de las acciones requiere a su vez de la aplicación de una política macroeconómica que articule el corto con el largo plazo, promueva la coherencia entre las políticas económicas, sociales y ambientales y fomente la diversificación productiva.

La igualdad de género y étnica

Como hemos visto, Nicaragua presenta hoy avances importantes en materia de equidad de género en diferentes ámbitos de la vida nacional.  Sin embargo, persisten desigualdades y por tanto se debería estimular un cambio en la perspectiva del desarrollo y la medición del mismo.

En primer lugar se podría modificar la manera de contabilizar los costos de la reproducción social y el valor del trabajo real y del tiempo de las mujeres y hombres. Es decir, conocer más sobre el funcionamiento concreto de las economías y las sociedades.

El MAF ofrece una herramienta útil, incluyendo un marco de acción y de rendición de cuentas, mecanismos e incentivos para que los tomadores de decisión trabajen conjuntamente con la ciudadanía para definir prioridades y monitorear los avances.

En materia de género, hay dos ámbitos que se consideran prioritarios: garantizar la autonomía económica y física de las mujeres. Especial atención requieren temas como propiedad, control y uso de recursos económicos, la no discriminación en el empleo por razones de género, el acceso a la protección social y la erradicación de la violencia.

Para superar la discriminación es importante promover la participación política de las mujeres pero no basta con que haya equilibrio entre mujeres y hombres en los diferentes niveles de toma de decisión, si ello no va acompañado de la redefinición de una nueva propuesta de sociedad que remueva los obstáculos que están en la base de conductas discriminatorias, promuevan efectivas democracias y la erradicación de la exclusión estructural de las mujeres.

Aunque se reconoce el carácter multicultural y pluriétnico del Estado de Nicaragua, los Pueblos Indígenas y Afro descendientes siguen siendo vistos como minorías. Ello tiene consecuencias importantes sobre el entorno en el que viven. Por un lado, por la falta de acceso a oportunidades para una adecuada y pertinente educación y salud. Pero también porque el actual modo de producción y consumo incide en muchos casos sobre sus derechos al territorio, a los recursos naturales, a su visión del bienestar y en particular, porque pone en riesgo la sostenibilidad de la relación armoniosa con el mundo natural con el que sus culturas les han enseñado a vivir.

Los Pueblos Indígenas que participaron activamente en la Cumbre de Rio + 20,  relevaron la importancia de incorporar la dimensión cultural en el desarrollo sostenible basado en las perspectivas, los derechos, los conocimientos tradicionales, la identidad y las prácticas sostenibles como parte integral de su visión y comprensión del desarrollo. Promoviendo además políticas efectivas para reducir la pobreza, atender la concentración de la riqueza y reconocer los derechos colectivos.

Para finalizar esta exposición, quisiera retomar el título que he dado a esta ponencia y relacionarlo a los retos que nos plantea la nueva agenda del Desarrollo con los Objetivos sostenibles.

  • Los principios compartidos son:

Enfoque universal: todos los países y todos los grupos sociales, descolonizando la agenda de desarrollo.

Sostenibilidad en todas las actividades: económico, ambiental y sociales, incluyendo los factores causantes del cambio climático.

Enfoque de derechos

La igualdad como plena titularidad de derechos, como principio ético y objetivo último del desarrollo.

Autonomías de género.

  • Una agenda global porque buscar un compromiso real para:

Asociación mundial con plena participación.

Solidaridad internacional de acuerdo con la capacidad de contribuir de cada país.

  • Y de responsabilidad individual: porque la agenda de los ODS requiere de una ciudadanía consciente, exigente, comprometida y disconforme con el status quo para poder impulsar el cambio desde cada uno de nosotros.

Todo ello requiere de un gran compromiso y voluntad política de todos los actores desde los niveles más básicos de cada familia, comunidad, región, desde el nivel nacional hasta el nivel mundial.

La paz y el desarrollo, no se podrán alcanzar si mantenemos grandes brechas de equidad y no reconocemos la riqueza de la diversidad de nuestras sociedades.

Retomando el mensaje del Secretario General de las N.U. realizado en el foro de la Juventud el 2 de febrero pasado: “2015 no es un año cualquiera, es una oportunidad para cambiar el curso de la historia”

Muchas gracias.


[1] Fuente Banco Central de Nicaragua. Anuario de estadísticas macroeconómicas 1960-2014.

[2] CEPAL: Alicia Bárcena. América Latina y el Caribe: Hacia una agenda para el desarrollo post-2015. Santiago de Chile, Chile. 28 y 29 de Agosto 2014.

[3] Ibidem.

[4] CEPAL. Ibidem.

[5] Informe sobre Desarrollo Humano Regional para América Latina y el Caribe 2010. Actuar sobre el futuro: romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad.

[6] Fuente: BCN. Anuario de estadísticas económicas.

[7] Fuente: Fuente: a) Lustig; Lopez-Calva & Ortiz-Juárez.  Deconstructing the Decline in Inequality in Latin America. Policy Research Working Paper 6552. The World Bank (2013); and February 2014 update of SEDLAC database. b) World Bank (2014)

[8] Fuente: FAO. El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. Fortalecimiento de un entorno favorable para la seguridad alimentaria y la nutrición. Roma, Italia 2014

[9] Fuente: Banco Central de Nicargua. Indicadores Eonomicos Mensuales.

[10] Fuente: PNUD. Acelenrando el progreso. Manteniendo los resultados. Los ODM hasta 2015 y en el futuro. Septiembre 2013.

[11] Ibidem.